miércoles, 29 de julio de 2015

Micro-Microcuento #12

Eramos dos chavales jóvenes compitiendo por ver quien sacaba las mejores notas, quien hacia antes los deberes, quien fallaba menos, todo lo que se nos ocurría. Estaba bien y era divertido, hasta que llego un día en el que me dí cuenta que sin forzar conseguía alcanzarle e incluso superarle, el tenía mucha más presión debido a que su hermano había sido una eminencia y claro eso ya le había marcado. Después de pensarlo decidí bajar el pistón y apartarme, probar otras cosas,  nuestros caminos se separaron y no volví a saber más de él.

Años después me lo encontré andando por mi calle, estuvimos hablando un rato sobre como nos había ido, el me comentaba que terminó la carrera aunque al final no le gustaba trabajar de eso y que estaba sacándose otra cosa pero que tampoco le hacía mucho chiste. Aproveché para decirle si quería formar parte de un proyecto que tenía en mente, la idea era montar una Fundación que se centrará en la Robótica, el concepto era simple: si podías crear un robot que realizara un trabajo, quedarías automáticamente jubilado, cobrando una pensión y pasando a ser el supervisor a la vez que el ingeniero encargado de repararlo, una forma diferente de recompensa por los conocimientos sin necesidad de títulos y sin restricciones sobre el tipo de trabajo que debería desempeñar el robot, tema libre.

Le gusto bastante la idea con lo que nos pusimos a ello y empezamos construyendo un robot cada uno, quién lo iba a decir, de nuevo 20 años después nos encontrábamos compitiendo...